Tras los días que pasé en las capitales de Lituania y Letonia, Vilnius y Riga respectivamente, tocaba seguir mi camino hacia el norte para visitar la que sería la tercera y última capital báltica, Tallinn.

Tras los días que pasé en las capitales de Lituania y Letonia, Vilnius y Riga respectivamente, tocaba seguir mi camino hacia el norte para visitar la que sería la tercera y última capital báltica, Tallinn.

Feliz, contento, agradecido. Tallinn ha sido un descubrimiento, un regalo, una preciosa mancha de color en un mundo gris y blanco. Un viaje al pasado, con la alegría del que sabe que volverá. Al presente, y a la ciudad. Ganas de volar, de abrir las alas, coger aire y… ¡cantar!

Un soplo de aire fresco que sin duda me ha cargado las pilas para emprender camino hacia la siguiente parada, San Petersburgo. Veremos que me depara la que se hace llamar “Joya de los Bálticos”…