Las dos caras de una misma moneda. ¡Bienvenidos a Katmandú!

Miro con mucha curiosidad todos los detalles desde la ventana del hotel en el que nos alojamos. Pendiente de encontrar quizás, alguna cosa más que me deje más atónito de lo que ya estoy, decido empezar a plasmar mis sensaciones, que seguramente todavía están cargadas de desconocimiento y prejuicios.

Llegamos a Katmandú tras un corto vuelo procedente de Doha y cuando nos quisimos dar cuenta, ya estábamos con unos collares hechos con claveles naranjas propios de la India que del país en el que nos encontramos.

Estos dos días en Katmandú han servido para familiarizarse con un nuevo país y sobretodo, con una nueva cultura muy diferente a la que hemos podido conocer en anteriores viajes por Asia. En Nepal, la gente es una mezcla procedente de China, Tibet e Índia, por lo cual se hace difícil generalizar. Muestra de ello son las variopintas religiones que toman un papel protagonista en cada calle.

Y es que si hay una cosa que nos ha sorprendido de esta caótica y vital ciudad es la gran convivencia que hay entre las dos principales religiones del país. Tanto budistas como hindúes se entremezclan formando un mosaico cultural, religioso y social de lo más curioso. El respeto y la admiración reinan aquí y a veces se me hace imposible recordar que en lugares como Israel y Palestina, son las religiones las que separan a las personas. Aquí esto no ocurre y cada cual tiene su lugar en una ciudad que combina lo mejor y lo peor de Asia.

Para empezar, visitamos el lugar que podríamos denominar como el principal punto turístico de Katmandú, la Plaza Durbar, un lugar histórico en el que hay todo tipo de templos y edificios antiguos, destacando por encima de todos el Palacio (la palabra durbar significa palacio) que actualmente es un museo que rinde homenaje al monarca Tribhuvam. Antaño, todos los reyes eran coronados allí y pasaban sus horas entre lujos traídos de todo el mundo.

Prácticamente la totalidad de la plaza data de los siglos XVII i XVIII, aunque algunos edificios tuvieron que ser posteriormente restaurados o incluso reconstruidos tras un fuerte terremoto. Seguramente el edificio más emblemático es el Maju Deval, dedicado al dios Shiva, aunque también destacan el Templo de Teleju y Kumari Bahal, donde reside la kumari o la diosa viviente de la ciudad. Ésta es escogida antes de la pubertad y cuando llega a ella es sustituida por otra.

El lugar también es un cruce de caminos en la ciudad de Katmandú y es fácil estarse horas y horas contemplando el ambiente, que nunca deja de sorprender.

Otro lugar al que hemos ido es la estupa de Swayambhunath, que rivaliza con la más grande y más espectacular estupa de Boudhnath.

La primera, es pequeña e íntima y es conocida por la gran cantidad de monos que allí habitan (a la estupa también se la conoce por el nombre de templo de los monos). Estos gracioso animales sólo lo son a simple vista ya que en varias ocasiones los hemos visto avalancharse contra alguien para robar comida o pequeños objetos.

El parque que rodea la estupa y el gran conjunto de templos (tanto budistas como hindúes) forman un panorama genial que a primera hora de la mañana rebosa de vida.

En cambio, la espectacular estupa de Boudhnath es un lugar de gigantescas dimensiones y que concentra peregrinos a todas horas. Se trata de un lugar budista tibetano, por lo cual es fácil encontrarse a lamas y aprendices dando vueltas a los molinos de oración soltando al aire la plegaria del Om Mani Padme Hum, para pedir suerte.

Con una historia más longeva que la de Swayambhunath, se dice que la primera estupa construida se hizo en el año 600, pero posteriormente el Imperio Mogol la destruyó y por lo tanto, la actual es más actual.

Se trata de un lugar mágico, un lugar con muchísima fuerza y en el que se siente una energía muy pero que muy especial. Realmente considero que éste ha sido el lugar que más me ha gustado de todo lo que hemos visto en Kathmandú y es que la agradable sensación de encontrarse allí es impagable (bueno sí, la entrada nos costó 200 rupias, hehe).

En este enclave, pudimos vivir una experiencia realmente única. A lo largo de todo el perímetro de la estupa, se alzan varios gompas, o monsaterios tibetanos en los que es fácil encontrar velas de manteca de yak y ruedas gigantes de oración.

Entramos en uno bastante solitario y empezamos a recorrerlo en absoluta soledad hasta que encontramos a un Lama, a Sangya Dorje, con quien hablamos un buen rato sobre nuestra intención de viajar a Tíbet, la imposibilidad de hacerlo por culpa del Gobierno Chino y sobre la elección de Bhutan. Él nos dio su dura opinión sobre el tema y al vernos tan interesados en la cultura tibetana decidió bendecirnos con unos rezos a cada uno, colocándonos en el cuello un suave pañuelo y cogiéndonos la cabeza inclinada para soltar sus plegarias por encima. Fue una experiencia totalmente emotiva y que nunca imaginamos que ocurriría y es que el explorar más allá de lo habitual siempre trae buenas consecuencias…

Como he dicho anteriormente, Kathmandú es un hervidero de dos religiones. Como hemos visto, el budismo es muy presente pero el hinduismo también lo es y buena muestra de ello es el interesantísimo templo de Pashupatinath, lugar sagrado frente el río Bagmati en el que la gran mayoría de hindúes nepaleses vienen a ser incinerados una vez muertos.

El lugar rebosa de tradición y es sin duda, algo muy impactante de ver. Para esta cultura, la muerte es algo tan normal como la vida, e incluso es la verdad tras la mentira que es la vida. Un chico hindú que se unió a nosotros y al que después le dimos una buenas propina por sus explicaciones nos comentó que a los muertos se los incineraba horas después de morir, como mucho unas 3, por lo que cuando le comentamos el ritual de los funerales europeos quedó alucinado.

Gracias a él pudimos tener contacto directo con los shadus o santones, personas solitarias de siguen al dios Shiva y que siguen una vida de meditación y abstención. Se dice que para afrontar la peligrosidad de la tentación sexual, realizan todo tipo de posturas de yoga que les mantienen centrados para meditar.

No obstante, drogas como el hachís y la marihuana también les ayudan, cosa que pudimos comprobar al entrar en una pequeña cueva donde varios shadus se reunían en frente de una hoguera hecha con estas plantas. Salimos de allí un poco mareados… pero de repente uno de los shadus se ofreció a demostrarnos que era capaz de aguantar una enorme piedra (se puede ver en la foto, detrás del personaje) con su pene. Sin embargo nos pedía 20.000 rupias (20€) por el show, con lo cual nos negamos en rotundo. Hubiera sido algo curioso de ver…

Pero a parte de los shadus, lo que hace famoso a Pshupatinath es, como ya he dicho, las muchas cremaciones que allí se llevan a cabo. Nosotros pudimos presenciar 3.

La gente lanza ofrendas de todo tipo al río y el bullicio está asegurado. Además de todo esto, aprendimos muchísimas cosas que ya os comentaré en breves posts a la vuelta.

Obviando todos estos lugares históricos también me gustaría hablar del lugar en el que estamos pasando nuestras tarde-noches. Al igual que Kao San Road lo es para Bangkok, el barrio de Thamel es el centro de los viajeros por excelencia. Aquí se puede encontrar de todo, desde souvenirs de todo tipo a equipamiento de montaña pasando por bares con Wi-Fi o incluso clubes nocturnos que sirven cócteles acompañados con música hasta altas horas de la madrugada.

Sin duda, esto si que es un ghetto turístico pero para qué nos vamos a engañar, aquí es donde estamos porque aquí están todos los alojamientos económicos de la ciudad…

El lugar es muy curioso y siempre se pueden observar escenas extrañas, pero si se quiere vivir la auténtica Kathmandú, lo mejor es simplemente callejear por calles ajenas al movimiento backpacker que tanto gusta en Thamel.

Nuestras horas en Kathamndú están por terminar y con ellas, se va la primera etapa de este viaje. No obstante, los últimos días de julio regresaremos para quedarnos unos cuantos días y explorar con calma lugares imprescindibles del Valle de Kathmandú tales como Patan, Bhaktapur o Dhulikhel. Por ahora, lo que haremos es cambiar de país. Así es señores, ha llegado el momento de penetrar en un reino misterioso, el país de las montañas, Bhutan.

Mañana mismo por la mañana volaremos con la compañía nacional del país (Druk Air) hasta Paro, segunda ciudad en importancia tras la capital, Thimpu.

Así pues, con esta incertidumbre hacia lo desconocido me despido hasta nuevas notícias, quizás con denominación de origen butanesa.

¡Bhutan, allá vamos! ¡Katmandú, volveremos!

.

Enviado desde Timphu, capital de Bhutan. De esto y mucho más, en la próxima entrada…

11 thoughts on “Las dos caras de una misma moneda. ¡Bienvenidos a Katmandú!

  1. Gloria

    Deu meu… haces llegar la tensión hasta aquí!!!
    Voy a estar muy atenta a la próxima actualización!!!! Estoy hasta nerviosa… jejeje

    Una abraçada!!!!

  2. Dany - Lega Traveler

    Hola Blai, menuda priméra cróncia más completa que te has marcado tío! Tenías q haber buscado algunos turistas más interesados en ver el “show de la piedra”, se paga a pachas y punto jajajaja! Que fuerte! Coñas fuera, que vaya genial por Bhutan. Saludoss

  3. victor asturias

    Hola Blai !!

    Me ha encantado el relato, cuántas experiencias vividas…el contraste entre el mundo espiritual y el mundanal barrio de Thamel. Y ahora en el enigmático reino de Bhután…

    Síguenos contando, pero cuando puedas.

    Un abrazo y cuídate.

  4. Isaac (Viajeschavetas)

    Genial Blai! Tiene una pintaza.. y ahora Buthan (país que me llama por su virginidad de cara al turismo todavía más). Siempre he estado en el otro lado, escribiendo por la noche desde los sitios por lo que ahora es un placer poderte leer en la jornada rutinera de la vida diaria…

    Un abrazo muy fuerte y aquí estaré para leerte

  5. Helena

    Estoy con Dany. Que bien lo has explicado todo desde allí, casi nos has transportado contigo, jejeje… Que bonito debió ser vivir la bendición que os hizo el lama.
    Me ha encantado el relato y las fotos, chulísimas.
    Un saludo ;)

  6. José Carlos DS

    No lo puedo evitar, me pongo nervioso al ver tus fotos y leer tus relatos, quiero estar allí ya jeje

    Días productivos llevas, con experiencias místicas incluidas jaja Espero que todo vaya bien por Bhutan, ya nos contarás :D

    Saludos!!!

  7. javier

    Que buen relato Blai y sobre todo preciosas fotos.
    Creo que todos estamos impacientes por una nueva publicacion.
    Un fuerte abrazo desde Canarias.
    Javier y Deborah

  8. BERTUS COMPAÑÓ I GALO

    Quin munt de sensacions deus tenir dins en aquests moments! M’encanta la manera d’explicar-ho des d’un ordre i una màgia especial, alhora. Em fas moltíssima enveja i et torno a repetir que jo vull viatjar amb tu i descobrir moments especials com els que estàs visquent ara. Ja en parlarem de tot això. Ara segueix esgranant aquest món de sensacions i emocions que de ben segur també et portaran a moltes respostes i a un nou Blai que la màgia de noves regions (aventures) va dibuixant en tu. Una abraçada gegant gegant i un t’estimo des de Catalonia!

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