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¡Feliz 2011!

Un año más. Ya van 17 cambios de año, y con este que ocurrirá a las 12 horas de hoy mismo serán 18. El 2011 se presenta como un año de grandes cambios, de grandes proyectos, de grandes aspiraciones que ya veremos si podré cumplir gratificantemente antes de que se vuelva a esfumar, del mismo modo que lo ha hecho este fugaz y veloz 2010. No obstante, el futuro ya se verá, lo veremos juntos, en unavidaenmilviatges.com, pues lo que empezó siendo un blog para hacer un seguimiento de el Trabajo de Investigación de Bachillerato, ha terminado siendo en una bitácora personal referente a los viajes. Una hoja en blanco donde contar experiencias viajeras alrededor del globo, todas ellas desde el cariño y con toda la buena intención del mundo.

Así pues, si el futuro lo tenemos “asegurado”, vayámonos al pasado.

Este 2010 ha sido un año genial, en lo que a viajes se refiere. Jamás había viajado tanto en un mismo año, por lo que este primer año de la segunda década del tercer milenio de nuestra era se ha convertido en el año más viajero que jamás haya tenido. Han sido muchas las vivencias que he tenido la suerte de vivir, y otras tantas, las que he podido compartir con vosotros en el blog. Viajes de todos los tipos y a lugares muy dispares han protagonizado un año que va a ser difícilmente superado por este 2011 que se nos avecina. Sin embargo lo voy a probar, ¿por qué no?. Quien sabe si este 2011 va a significar un antes y un después en mi vida personal y viajera… Quien sabe… Hay mucho en la mente, y todavía nada claro, pero espero poder revelar mis intenciones pronto, cuando estas se divisen de entre la niebla, cuando sean un poco más claras, más oficiales…

Pero, ¿qué mejor forma de hacer balance de un año en un blog de viajes, que repasando uno a uno los viajes y escapadas que he podido llevar a cabo?

Durante los primeros meses del 2010, todo estuvo muy parado. No hubieron viajes, no hubieron grandes planes pero si que ocurrió algo muy importante y que si no hubiera ocurrido nada de esto sería así actualmente. El 18 de enero de 2010 nació Una Vida en Mil Viatges. Primero en catalán y a partir de mayo en castellano, el blog ha ido creciendo poco a poco y está teniendo unos resultados con los que estoy realmente contento y sobretodo emocionado y entusiasmado de cara al futuro. De esto, pero, ya hablaremos el próximo 18 de enero.

En abril, tuvo lugar un encuentro que por aquel entonces ya era muy esperado, pues pude conocer en persona a Jorge Sánchez, el que para mi ha sido un gran referente a la hora de saciar mi sed de aventura y viajes. Gracias a él y a sus fantásticos libros he podido transportarme a miles de lugares distintos y he podido soñar con el mundo, con el Planeta, pues lo más importante que me ha enseñado este buen hombre nacido en l’Hospitalet de Llobregat con raíces aragonesas ha sido sin duda el hecho de que con el suficiente empeño y fuerza de voluntad, estos sueños de vivir experiencias, conocer países y sus gentes es perfectamente posible. Además, ese día, también pude conocer a viajeros de gran talla como el que ahora es mi amigo Sele y a otros con los que también tengo amistad “bloggera” como Toni, Floren o Rubén.

Tras estos meses de parón viajero, llegó por fin uno de los viajes que más me ha gustado del año: el viaje a Noruega que tuvo lugar durante la segunda semana de mayo. Una aventura que junto a dos buenas amigas, nos llevó a ver lugares apasionantes y paisajes que nos quitaron el aliento en nombrosas ocasiones. Desde las planicies del centro del país, hasta la imponente cima del mítico Preikestolen, pasando por los también míticos fiordos. Sin duda, fue un viaje del que aprendí mucho, la primera aventura propiamente dicha que realicé sin mis padres y seguramente, la fuente de inspiración de un viaje que ya tengo en mente para un futuro muy cercano…

Entre que volvimos de Noruega y nos reincorporamos a la rutina de exámenes y demás, llegaron las deseadas vacaciones de verano, por lo que el Gran Viaje del Año también llegó. Una aventura de 3 semanas de duración por Tailandia, Laos y Camboya fue la protagonista de un verano inolvidable. Aún hoy sigo creyendo que este ha sido el mejor viaje que he realizado en mi vida. Y así lo podéis ver tal y como lo cuento con las crónicas en las que aún sigo trabajando. Pese a temer en muchísimas ocasiones por el futuro del viaje, a mediados de mayo nos hicimos con los billetes a Bangkok, por lo que la vuelta atrás estaba prácticamente descartada, solo hacía falta preparar un itinerario, planear un poco las visitas y sobretodo disfrutar del previo al viaje. Luego, claro, vino lo mejor. Esos cortos días en los tres países fueron algo realmente extraordinario, son muchas las palabras que me faltan para describirlos, pero quizás las fotos, valgan por si solas. En fin… fue el viaje del año. Qué decir más…

Pasó agosto sin pena ni gloria, de fiesta en fiesta, pero llegó septiembre y fue una oportunidad única para asistir a la Charla que ofrecía un muy buen viajero y sobretodo amigo Sele, de el Rincón de Sele, en Balmaseda, un pueblo cercano a Bilbao donde durante el sábado 18, los allí presentes pudimos disfrutar de una agradable jornada en la que como dice mi amigo, dimos la vuelta al mundo varias veces de destino en destino. Y es que la de Bilbao y Balmaseda no fue una escapada cualquiera; no. Ese fin de semana fue uno de los mejores de todo el año en el que pude conocer a muchos otros viajeros que, como yo, sienten esas ganas de viajar a diario, des de que se levantan, hasta que se duermen soñando incluso en miles de destinos.

Imagen obtenida de El Rincón de Sele

Y creyendo que el año no iba a dar para más, en pleno mes de noviembre me sumergí con dos amigos en la fría, helada y gélida capital de Suecia, Estocolmo. La escapada de 4 días de duración ha sido el último viaje del año y no por eso el peor, sino el contrario. Ha sido un viaje que realmente me ha sorprendido, pues dudaba que iba a ser tan impactante para mi. Sin embargo la magia helada de la bella Estocolmo nos atrapó a los tres en seguida. Durante esos 4 días de invierno pudimos hacerle una visita rápida que esta si, cerró el año 2010, en lo que a viajes se refiere.

¡Ha sido pues un año magnífico del que no me puedo quejar en absoluto!

Hagamos algunos números del 2010….

  • 5 países nuevos!
  • 42 horas de avión…
  • más de  34.000 kilómetros recorridos por aire, tierra, mar y ríos.
  • decenas de métodos de transporte utilizados…
  • casi 40 días de viaje, lo que supone que….
  • un 11% del 2010 me lo he pasado viajando!
  • y un largo etcétera de números que ya no vienen al caso…

No me queda más que despedirme de todos vosotros, TODOS. Los que estáis allí y me leéis, dejéis comentarios o no, TODOS soys los que dais forma a este blog que sin vuestro apoyo no sería absolutamente nada. Muchas y muchas gracias a todos!

Espero que tengáis un 2011 lleno de viajes y sobretodo, un 2011 en el que muchos de vuestros sueños (no todos, que si no, en 2012, ¡¿qué?!) se hagan realidad!

Nos vemos pues el 2011. Un abrazo muy fuerte,

 

Blai.

Cuando los ojos se humedecen, cuando la boca calla, cuando todo toma otra dimensión.

No sé porqué, ni porqué hoy, pero he sentido la necesidad de compartir algo con vosotros:

Hace ya casi 5 meses que mi cuerpo se encontraba totalmente sumergido en pleno Sudeste Asiático, un lugar tropical, con buen clima, barato, con playas de fina y blanca arena, en donde la calma y la sencillez de las gentes hacen que el viaje sea siempre un viaje de placer, de descubrimiento, de conocer lugares bellos, tierras bellas, gentes bellas… El Sudeste Asiático, no lo neguemos, es un lugar estupendo, pero como todo, tiene su cara más amarga, una cara amarga que desgarra momentánea y inmediatamente todas estas ideas preconcebidas que occidente suele tener de lugares como estos. Pues bien, en Camboya, más concretamente en su vibrante y cambiante capital, Phnom Penh, nos ocurrió algo que sabíamos que nos ocurriría pero que nunca imaginamos que nos iba a afectar tanto.

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Escapada a Estocolmo. Guía práctica.

Bajo un extraño y amarillento sol, en el confort de un autobús con dirección al aeropuerto de Skavsta escribo estas líneas.  A fuera, nieve, frío y viento; a dentro, calor, melancolía y satisfacción. Satisfacción de haber cumplido nuestros objetivos, de haber saciado una vez más, con pequeñas dosis, nuestra sed de viajes.

Han sido 4 intensos días de viaje en los que hemos podido desgranar los secretos de una ciudad que sencillamente nos ha encantado a todos. Única, con carácter y sobretodo, con una esencia tradicional muy visible, Estocolmo se ha abierto hueco en ese rincón de nuestros corazones en el que guardamos los mejores recuerdos de los lugares en los que hemos estado.

Desde la inconfundible panoramica del antiguo Gamla Stan desde el Ayuntamiento, hasta la zona más moderna de la ciudad cerca de la curiosa Segels Torg, pasando por el que es para mi (y mis amigos) el inolvidable Skansen, en la isla de Djurgården, un auténtico fluir de la cultura y tradiciones suecas.

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