14/07/2010 – De cómo conocimos la esencia de Laos.
El sonido entrecortado de un gallo me despertó de la dura cama en la que apenas pude dormir a ratos. Eran todavía las 4 y media de la madrugada pero ya se oían algunos ruidos que no provedían del mundo natural. Oía agua, platos, metales y cuando quise saber qué era me asomé a la ventana de la cabaña en la que pasábamos la noche. Mi padre dormía plácidamente y yo, inquieto corrí las cortinas para descubrir un hogar tradicional en el que ya estában preparando el primer manjar del día. Me sentía un espía, un observador de su cotidianidad, pues desde detrás de ese fino cristal estába ocurriendo el día a día de una família qualquiera.

Nuestra habitación-cabaña hecha de bambú y madera.
Me quedé observando algo más de veinte minutos hasta que decidí volver a la cama. Me costó mucho relajarme y para ser sinceros, no conseguí volverme a dormir. Estaba pletórico. Aún no me hacía la idea de que me encontraba en Laos, quizás era porque aún no había tenido un contacto realmente directo con la población, pero estaba claro que todavía necesitaría unos días para asimilar que el lugar en el que me encontraba era muy único. Continue reading
