Monthly Archives: June 2010

Viaje a Noruega. Capítulo primero.

Martes 11 de mayo de 2010. Nuestra larga ida hasta Oslo.

Las horas transcurrian con lentitud sentado delante del escritorio del instituto. Las aburridas clases de Economía se hacían infinitamente largas… Las de filosofía también. Deseaba salir ya del insituto, pues aquel día era el día. En unas horas saldríamos para el aeropuerto de Girona para tomar nuestro vuelo hasta Rygge, en Noruega. Sería una nueva aventura, un nuevo país, nuevas experiéncias… todo pintaba fenomenal.

Durante el día, cada media hora estuvimos mirando atentamente la página web de Ryanair, porque se estaban anulando miles de vuelos por toda Europa. Nuestro vuelo, por suerte, no se estaba viendo afectado por las cancelaciones que estaba provocando la nube de cenizas del volcán islandés.

Finalmente llegó la hora y justo al salir de classe, nos dirigimos hasta el aeropuerto de Girona. Llegamos hora y media antes de la salida de nuestro vuelo y como no teníamos que facturar el equipaje, entramos rápidamente hacia la sala de espera, eso sí, despidiéndonos antes de nuestras madres, que nos habían llevado allí.

Todo el equipo en el Aeroport de Girona jaja

Justo al terminar los controles, saltó la notícia: la mayoría de los vuelos que partían esa tarde del Aeroport de Girona, quedaban retrasados en principio, media hora.

El vuelo retrasado...

Nos lo teníamos que tomar con mucha calma, por lo que sencillamente nos sentamos a esperar.

Finalmente, y tras 45 minutos, embarcamos por fin en el dichoso avión. Lo que no sabíamos es que allí dentro, íbamos a pasar más de una hora sin movernos de tierra… Qué desastre!

Eso sí, más de dos horas más tarde de lo previsto, el avión despegó y tras un interminable -para mí- vuelo de 3 horas y media de duración (aquí se le tiene que sumar la hora y pico que ya llevábamos dentro, más la hora de espera en Girona…) y con turbulencias incluidas, llegamos al pequeño aeropuerto de Rygge.

Desde el avión...

Una vez allí, como no habíamos facturado la mochila, salimos del aeropuerto para montarnos en un autobús gratuito que nos llevaría hasta la estación de tren del pueblo (unos 5 minutos). Con puntualidad suiza noruega, el bus, que tenía que partir a y 23, así lo hizo! Nos quedamos asombrados…

Una vez en la “estación”, y lo digo entre paréntesis porque aquello era un apeadero un poco dejado de la mano de dios, aguardamos el tren con paciencia. Ya se notaba el cambio de temperatura y pese a ser ya las 10 de la noche pasadas, el cielo permanecía completamente iluminado, pues en esas latitudes y por aquella época, no empezaba a oscurecer hasta las 22.45 y no se quedaba completamente oscuro hasta las 00.00.

Haciendo un poco el burro en Rygge

En la estación de Rygge

Llegó el tren, subimos, nos acomodamos y marcamos en nuestro billete de Interrail el primer día de uso. Más tarde, la revisora, pasó a comprovar que todo el mundo tuviera su billete correspondiente y nos selló el nuestro. Durante el trayecto, de 1h de duración, aprovechamos para cenar unos bocadillos que habíamos traído desde casa, y disfrutamos de las vistas que nos ofrecía el tren.

Intentando descansar un poco en el tren

Finalmente, llegamos a la capital del país, Oslo. En la estación de trenes teníamos una misión: reservar el tren nocturno para el día siguiente con destino a Bergen y otro de Stavanger a Oslo, pera al cabo de unos días. Nuestra sorpresa llegó cuando el hombre de detrás del mostrador de NSB nos dijo que estaba fully booked… No nos lo esperábamos y teníamos que tomar una rápida decisión. Decidimos coger un tren diurno hasta Bergen (a las 10 de la mañana) a sabiendas de que 1. No teníamos dónde dormir al siguiente día en Bergen y 2. Perderíamos un día entero en un tren… ¿Qué le íbamos a hacer…?

Antes de dirigirnos al albergue, nos sentamos un momento en los bancos de la estación para planificar nuestros actos futuros respecto al viaje. Queríamos reservar un alojamiento para Bergen, pues sabíamos que era una ciudad muy turística y quizás teníamos la posibilidad de quedarnos en la calle con el frío que hacía… Aún y así, como no teníamos ningún aparato con Internet, y a esas horas, entre el cansancio, el frío y todo no teníamos ganas de buscar un ciber café, abandonamos nuestras preocupaciones y nos fuimos andando al albergue que habíamos reservado en España.

El albergue en cuestión, el Anker Hostel, es uno de los más comunes de la capital (suponemos que por ser el más barato en una ciudad de precios estratosféricos) pero no de los mejores, que digamos… La verdad es que la limpieza del albergue en general y sobretodo de las habitaciones deja mucho que desear, pero bueno, qué le vamos a hacer… Estuvimos en la zona común del albergue charlando un rato hasta que el sueño nos venció. Llegó la hora de ir a dormir.

A la mañana siguiente, nos levantaríamos temprano para ir a desayunar algo y coger el tren a Bergen. Aún no sabíamos el día que nos esperaba…

CONTINUARÁ…

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En el próximo capítulo… Sin tiempo de visitar nada de Oslo, nos despedimos de la capital y abordamos un tren diurno de casi 8 horas de duración. En Bergen, damos nuestro primer paseo por la que es llamada “la puerta de los fiordos” y nos maravillamos ante el famoso Bryggen.

Viaje a China y Hong Kong ’09. Capítulo tercero.

5 de julio de 2009. Vuelo a Guiyang. Ida a Kaili y visita de dos aldeas de la etnia miao.

A las 4 de la mañana sonó la alarma del móvil. Aquí empezó otro día más en este fabuloso país. Hoy tocaba recoger el equipaje (aunque ya lo dejamos casi listo la noche anterior) y desayunar unas galletas que compramos el día anterior en un supermercado de Beijing.

A las 5 pasadas de la mañana, nos plantamos en la recepción del hotel, y tal como lo pactamos la noche anterior, un taxi nos estaba esperando para ir al Aeropuerto de Pekín. Esta vez (no como en nuestra llegada) fuimos a la parte moderna del aeropuerto; una pasada! Claro, era totalmente nueva debido a las olimpiadas del año anterior…

Le pagamos 200 yuanes al conductor y buscamos nuestro vuelo de AirChina en el mostrador de facturación. No había ningún occidental. Pensamos que era imposible que ningún occidental o algún turista de algún otro país asiático cogiese ese vuelo, pero no fue así. Rápidamente facturamos y nos dirigimos a las puertas de embarque, pues habíamos encontrado tráfico y sólo teníamos que esperar media horita hasta que habriésen las puertas de embarque.

El moderno aeropuerto de Beijing

¿Qué hicimos durante esa media hora? Algo muy, pero que muy inteligente: nos aprovisionamos de galletas, chocolatinas, caramelos y pastelitos por si acaso… No nos imaginábamos qué iba a haber en Guizhou, solo sabíamos que sería otro mundo totalmente distinto a Beijing.

Dejábamos Beijing con mal sabor de boca ya que la estancia se nos había echo muy, pero que muy corta y con lo del primer día en el avión… (teníamos miedo de que no nos lo hicieran otra vez a la llegada a Guiyang…). Estoy totalmente seguro de que algún día, volveré a Beijing, pero volveré y me estaré allí un par o tres semanas porque entre lo enorme que es la ciudad, y los tantos sitios increíbles que hay en sus alrededores… Buf! Qué pena… Aunque… Qué alegría! NOS ÍBAMOS A GUIZHOU!!!!!!

Durante las 3 horas de vuelo, estuvimos sobrevolando sitios muy chulos, pero el momentazo fue cuando cruzamos el ENORME YANGTSÉ!!! Increible!
Pues eso, durante las 3 horas de vuelo estuvimos hojeando la guía para leer sobre las minorías étnicas del sur de china, en concreto, sobre las etnias que íbamos a visitar: los Miao, los Shui i los Dong. (Ya os iré explicando a medida que vaya avanzando el diario…).

Esta parte del viaje, la habíamos organizado con una agencia local.  En principio lo que habíamos programado era un conductor – guía que nos haría un itinerario para cruzar desde la capital de Guizhou, Guiyang, hasta la ciudad de Guilin, atravesando zonas de minorías étnicas donde el único medio de transporte posible era el coche ya que no había ni tren, y en todos los días que estuvimos allí solo vimos dos buses públicos y los dos fueron en Zhaoxing…. Así que la cosa prometía mucha autenticidad.

El transporte desde el aeropuerto de Guiyang hasta Kaili, nos lo hacían ellos también, y también nos organizaron los hostales a los que iríamos a dormir… No teníamos ni idea de como serían.

Finalmente, y tras ver como el paisaje cambiaba del árido y seco norte al verde y húmedo sur, aterrizamos en Guiyang. Alucinamos mucho rato con el aeropuerto y la gente del aeropuerto y comprobamos que no había ningún occidental! Qué pasada!
Después de coger nuestro equipaje fuimos afuera, al párking, donde buscamos una furgoneta con nuestro nombre impreso en un papelito. Se presentó el guía, Wang, y nos fuimos a Kaili, alucinando mucho con lo qué veíamos… Estaba claro que eso ya no era Beijing! La mejor palabra que resumía eso era caos, pero me gustaba mucho!

Por el camino, una buena carretera asfaltada, vimos lo que nunca habíamos imaginado ver, porque sabíamos que China era muy rural, pero creíamos que con su rápido desarrollo, lo más tradicional estaba desapareciendo… Vimos, coches cargados con más de 10 personas en un remolque, vimos los típicos puestos ambulantes en medio de la carretera, vimos a gente cargada con esos típicos cestos asiáticos que cargan con un palo de bambú… etc. Autenticidad en estado puro. Sabíamos que nos encontrábamos en un lugar muy auténtico, muy poco frecuentado por occidentales, un lugar que parecía un mundo aparte, algo que parecía hasta secreto, imposible e inhóspito.

Al cabo de tres horas de viaje llegamos a Kaili, y el conductor nos dejó en un pequeño hotel en el centro de la ciudad. El hotel estaba muy bien!

A la mínima que pudimos, dejamos nuestros bártulos en la habitación y salimos del hotel para buscar algún restaurante que nos ofreciera algo para comer a esas horas (ya eran las 2 del mediodía y allí, eso es muy tarde para comer…). Encontramos un restaurante muy curioso y entramos en él. Con la ayuda de la guía de conversación, los gestos y mi pobre conocimiento del idioma chino, conseguimos pedir arroz, algo de carne con verduras y una sopa riquísima de setas.

Había uno de esos grandes recipientes de bambú donde cuecen el arroz y nos teníamos que servir en el bol para mezclarlo con la carne y su salsa…. mmmmm! Buenísimo! Estaba muy rico, pero picaba mucho. Aunque con el hambre que traíamos, como para no comer…

En las zonas húmedas de Asia, la comida suele ser muy picante (como en el sur de China, Tailandia, India…etc) y se suele beber té caliente, algo que aquí nos resulta casi impensable combinar calor con comida caliente y picante. El motivo es sencillo de entender, aunque no muy eficaz para un occidental: de esa forma, se suda y uno se refresca…

Mientras comíamos, las empleadas del local, todas uniformadas de la misma manera, estaban pegadas a la tele, suponimos que era algún culebrón que las tenía locas, porque durante todo el rato no se movieron de delante del televisor!

Habíamos quedado con el guía a las 3 y media en la recepción del hotel porque nos iba a llevar hasta un par de aldeas de la minoría miao, así que comimos rápido y nos volvimos andando hacia el hotel. Fuimos antes a nuestra habitación y cogimos las cámaras, las mochilas pequeñas con el Relec y nos duchamos con éste, para no ser devorados por los enormes mosquitos de medio metro que se suponía que íbamos a encontrar en esos pueblos. Antes, hice una foto de la vista de nuestra habitación: (como podéis comprobar no había nadie en la calle… Estaría todo el mundo mirando el culebrón que tenía a las camareras enganchadas? xD)

La plaza principal de Kaili, totalmente vacia. Este estadio se usa para las peleas de toros.

Mini-pagoda con bancos para sentarse. Muy bonito para los enamorados...

Finalmente, salimos del hotel y nuestro conductor-guía apareció y tras unos tres cuatros de hora llegamos al primer pueblo miao: Qingman.

Vista general antes de entrar en Qingman.

La etnia miao

El pueblo miao o hmong tiene su origen el el Himalaya, desde dónde emigró hasta su actual territorio que comprende el suroeste de China, Laos, Vietnam y Myanmar. Suelen habitar en zonas montañosas, de allí a que cada aldea haya desarrollado costumbres propias aunque todas se identifican por su peculiar ornamentación con plata y delicados bordados que elaboran y lucen las jóvenes solteras.
Los bordados son una técnica que las niñas aprenden desde la infancia. Primero, tejen sus diseños y después los cosen a su ropa.
Las luchas de búfalos son muy típicas en las fiestas miao. Las peleas, pero, no suelen ser violentas.
Tienen una lengua propia, que proviene del hmong-mien, pero que su alfabeto se perdió hace muchos años. Por lo tanto, la transmisión de esa lengua es solo oral y la hacer a través de canciones o poemas.

Si queréis saber un poco mas sobre la etnia miao: http://es.wikipedia.org/wiki/Miao

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Una vez llegamos al pueblo de Qingman, entramos y sencillamente nos dejamos llevar por sus habitantes, que de una forma espectacularmente acogedora nos enseñaron su pueblo sin pedir nada a cambio. Incluso entramos en casa de una mujer, que nos mostró como tejía y como teñía la ropa de índigo (que más adelante, en el capítulo de Zhaoxing, ya os contaré este proceso de crear una ropa típica brillante azul). Sin querer, la mujer, al enseñarme el líquido azul, me salpicó un poco en el pantalón, y allí está, esa macha de color azul sigue en mi pantalón! Es un recuerdo muy bonito xD! Y aún hubo más, entramos en la cocina y la mujer nos sirvió una taza de un licor parecido al licor de arroz. QUE PRECIOSIDAD! Nos bebimos la taza y después, la mujer nos llenó otra, señalando que como teníamos 2 piernas, debíamos beber dos tazas…. Que maja, era esa gente, madre mía! Así que tranquilamente, y con esa agradable y altruista gente nos estuvimos bastante rato, hasta que empezó a llover , y volvimos al coche. Os imagináis allí, a veinte personas moviendo las cabecitas en señal de reverencia, mientras nos íbamos… increíble. Según el pobre inglés del conductor, y lo que pudimos entender, era que debido a las intensas lluvias que había habido en los últimos meses, esa gente no recibía ninguna visita al pueblo (no solo de turistas, sinó de gente de otros pueblos de los alrededores) desde hacia 2 meses….
Nada más arrancar el coche, me puse a llorar de emoción! El choque cultural había sido tan fuerte… Ni mi padre ni yo dijimos nada en todo el trayecto hasta el siguiente pueblo, estábamos alucinando. Os juro que la sensación que tuve ese día, no la he vivido nunca más, pero fue extraordinario, precioso. Me hubiese gustado pasar la noche allí, con esa gente tan buena, porque eso eran: buena gente… Uff, que me estoy emocionando sólo de acordarme…!

Casas de Qingman

Típico maíz colgando de las casas miao

Niños miao

Mujer miao con verduras

Vista de Qingman desde lo alto de la colina

Vista desde abajo

Salida del pueblo.

La mujer que nos enseñó como tejía

Albañil en Qingman

La misma mujer de antes

Yo en Qingman

Barril lleno de tinte azul (índigo)

Búfalo de agua.

Bueno, pues como decía…. Después de volver a iniciar el camino, que por cierto era increíble todo lleno de laderas con arrozales, niebla baja, todo misterioso…, y al cabo de unos pocos minutos (20 o así aunque tenéis que pensar que a lo mejor sólo eran 5 kilómetros de distancia pero que con las carreteras de barro, con las lluvias intensas que había habido y todo, el camino era un desastre…) llegamos a otro pueblo: el pueblo miao de Shiqiao.

Este pueblo suponemos que era típico por hacer papel, ya que había numerosas tiendecillas con papeles de todo tipo, incluso había hombres haciendo papel. Éste era un pueblo más grande que Qingman y se notaba. La gente no se nos arrimó tanto y solo nos perseguían los niños juguetones (qué monos….!)

Hombre haciendo papel de modo tradicional

Para que no se diga que yo no estuve xD. Yo en Shiqiao

Mujer comiendo en la calle

Shiqiao

Más Shiqiao

Un niño juguetón

Ya empezaba a irse la poca luz del sol, así que volvimos al coche y regresamos a Kaili, también en silencio, pues lo que habíamos vivido ese día, fue increíble. Just amazing! En serio.

La belleza del camino era indiscutible

Pequeñas aldeas que pasábamos por el camino

Una vez llegamos a Kaili, fuimos a comer al mismo restaurante del mediodía y esa vez, nos ofrecieron ellos unos platos ya que nosotros no queríamos pedir los mismo y no entendíamos las demás cosas. Cenamos de coña y para cuando salimos ya era de noche. Pensamos que en esa ciudad fantasma, donde nunca había nadie por la calle, de noche aún habría menos pero… íbamos totalmente equivocados! Qué festival! En la plaza principal habían montado un montón de tenderetes, sillas y mesas para comer y estaba todo bastante abarrotado así que nos fuimos a dar una vuelta por allí, pero el cansancio no nos permitió seguir mucho más… Estábamos levantados desde las 4 de la mañana!

Así que nos fuimos al hotel. Pero aún nos deparaba otra sorpresa: Wang, nuestro guía nos estaba buscando en el hotel (y nosotros tan panchos paseando por Kaili) porque nos tenía que decir nosequé importante….
Se puso delante de un mapa y nos empezó a explicar algo como que la carretera por la que teníamos que llegar a Rongjiang se había cortado, el gobierno ha prohibido la circulación por allí, que había habido muchas avalanchas y que tendríamos que coger otra ruta mucho más larga por carreteras secundarias y que lo sentía mucho pero que no podríamos ir a los pueblos que teníamos que ir… pobre. Le dijimos que no se preocupase y con esa incertidumbre de no tener ni  idea de donde íbamos a ir al día siguiente, nos fuimos a dormir, no sin antes hacer unas fotos para contrastar el Kaili del mediodía, del Kaili nocturno! Qué fiesteros, los chinos!

Buenas noches, China!

Kaili de noche

Más fotos de Kaili de noche

Parecía una macro discoteca

CONTINUARÁ…

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Y en el próximo capítulo… En ruta desde Kaili hasta Rongjiang. Visita de una aldea Miao, una aldea Shui y otra aldea Dong. El cambio de planes se hace notar y la “carretera” por la que fuimos todo el día estaba en pésimas condiciones. Fue el único día en mi vida en el que temí por mi vida, y va en serio…

Y nuestro próximo destino es… Laos y Camboya.

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Por fin, ha llegado el momento.

Hace ya varios meses que el destino de nuestras próximas vacaciones era algo que nos rondaba por la cabeza: posibles lugares, posibles culturas, posibles climas, posibles estilos de viaje… Fueron muchos los destinos que barajamos como primeras posibilidades pero poco a poco, algunos los fuimos descartando, y otros los íbamos remarcando. Sólo una cosa teníamos clara: queríamos volver a Asia, un continente que atrapa, que convence, que cautiva, que tiene lo mejor ya la vez, lo peor. Y afirmo esto con la experiencia de haber estado allí en dos únicas ocasiones ( Viaje a Maldivas 2008 y Viaje a China y Hong Kong 2009). Asia tiene algo especial, quizás es lo exótico, no sé, pero es como una droga adictiva, una droga que no tiene efectos perjudiciales, una droga de la que se pueden aprender miles de enseñanzas.

Pues bien, las opciones que nos habíamos planteado y que habían prosperado más eran:

  1. Un viaje por Yunnan (China) y Tíbet.
  2. Otro a través de Vietnam, de norte a sur.
  3. Finalmente, otro por Laos y combinar con unos días en Camboya.

La tercera idea es la que desde siempre nos atrajo más. Pero vinieron problemas…

Para llegar a Laos era casi obligatorio tener que pasar por Bangkok, pues no existen vuelos desde Europa directos y nosotros queríamos cruzar la frontera terrestre al norte del país (Huay Xai). Por lo tanto, teníamos que buscar vuelos a Bangkok. Pero justo cuando ya estábamos a punto de hacerlo, las manifestaciones de los camisas rojas se agravaron mucho. Lógicamente dudamos. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, hasta agencias privadas de información recomendaban “no visitar en ningún caso” la ciudad más importante y capital de Tailandia. Decidimos que nos esperaríamos una o dos semanas para ver como evolucionaba el asunto cruzando, eso sí, los dedos.

Al cabo de una semana y media, la cosa se calmó. El Gobierno tailandés y el grupo de los Camisas Rojas parecían haber llegado a un acuerdo en el que se prometían elecciones anticipadas. Todo parecía que se estabilizaba, así que en un acto arriesgado, compramos nuestros billetes hasta Bangkok con una escala en Istanbul.

Llegó entonces el viaje a Noruega (para que os hagáis una idea del momento en el que esto ocurría) y tan feliz, con vuelo hasta Bangkok para al cabo de un par de meses, me fui con dos amigas a recorrer el sur de ese increíble país. Lo peor estaba por llegar…

Eran las 22h de la noche y en Bergen todavía no había anochecido cuando sonó mi móvil. Era mi padre. Estuvimos hablando un rato sobre los días que ya había pasado en el país nórdico y antes de finalizar la conversación me dijo literalmente: En Bangkok vuelven a estar repartiendo leña, y esta vez va muy en serio por lo que parece…Aunque esa noticia me sonó muy amenazante, decidí no prestarle más importancia de la necesaria, pues por aquel entonces tenía que disfrutar de los fiordos y demás.

En la televisión de la zona común del albergue, conectada las 24h del día con la CNN, solo se hablaba de caos en Bangkok, de matanzas, de muertos, de heridos, de posible guerra civil… La verdad es que no llegaban noticias esperanzadoras, pero teníamos que esperar.

Los duros enfrentamientos en Bangkok

Cuando ya volví de Noruega, estuvimos a punto de intentar hablar con la compañía aérea para que nos devolvieran el dinero de los boletos o intentar hacer un cambio, pero finalmente decidimos esperar al máximo y apurar tanto como pudiéramos. Finalmente, nuestros nervios se vieron recompensados y el conflicto en Bangkok arreció. Fue entonces cuando empezamos a definir un itinerario más concreto y empezamos a movernos para encontrar transportes y alojamientos.

En nuestra ruta que habíamos planeado, teníamos pensado ir al norte del país para poder presenciar las costumbres casi tribales de algunas de las minorías étnicas, lo que era bastante complicado hacerlo a nuestro aire. Así que buscamos alguna agencia local que nos ofreciera poder visitar esas zonas más eficaz y cómodamente. Finalmente, encontramos una agencia laosiana que ofrecía rutas de diferentes duraciones por las zonas norte del país y nos convenció. Con esta hemos concretado transporte para un recorrido de 4 días por zonas muy auténticas del extremo norte del país.

Típicas aldeas del norte de Laos

A parte de esta zona en concreto, queremos ver la enigmática y bellísima Luang Prabang, la que antiguamente fue capital del Reino del Millón Elefantes. En esa pequeña ciudad se concentran una gran cantidad de monasterios, templos y escuelas budistas, así que promete mucho.

Las processiones de monjes en busca de su comida diaria.

También pasaremos por la capital del país, Vientián. En ella solo tenemos pensado pasar un único día, pues parece que no es nada del otro mundo. Además, el motivo de nuestra visita a ésta, es por pura necesidad, pues tenemos que coger desde allí un autobús nocturno hasta Pakse, la capital del sur.

El templo Pha That Luang de la capital del país

En los alrededores de Pakse se encuentran unos yacimientos de la etapa Angkoriana llamados Wat Phu, en Champasak. Éstos parece que son bastante menos visitados que los famosísimos templos de Angkor y aunque no tan extensos, parecen bastante bonitos.

Templo de Wat Phu Champasak

Finalmente terminaremos nuestro periplo en Laos en la zona de Si Phan Don, las 4.000 islas, un lugar fronterizo con Camboya donde el ancho del Mekong sobrepasa los 10 quilómetros y se forman miles de islas, algunas de las cuales están habitadas.

Precioso atardecer desde la zona de las 4000 islas

Una vez en Camboya, nos trasladaremos hasta la capital y centro neurálgico del país, Phnom Pehn. Allí descansaremos unos días para reponer fuerzas después de la ruralidad del sur de Laos y emprenderemos camino hasta Siem Reap, la ciudad más cercana a los templos de Angkor. Nuestro viaje terminará allí, aunque también tenemos pensado hacer alguna escapada hasta el lago Tonlé Sap para visitar alguna de sus aldeas flotantes.

Los majestuosos templos de Angkor despediran el viaje

Regresaremos a Bangkok por tierra desde Siem Reap y aquí habrá acabado realmente el viaje que nos habrá hecho fluir por uno de los mayores ríos de Asia, el Mekong, durante las tres semanas que estaremos en estos países.

Esquema del recorrido que haremos durante las 3 semanas de viaje

Señoras y señores, esto promete…!

Y bien, recordando todos los votos tengo que decir que ha habido un claro ganador: Toni (Toni por el Mundo). Muchas felicidades! Yo no sé como se lo hará, pero fue el segundo y lo acertó a la primera, el tío… jaja Pues bien, el premio que he pensado será una postal enviada desde el destino. Así que Toni, te toca escojer: de que país la prefieres, de Laos o de Camboya? O de Bangkok?

Hasta aquí la resolución del juego que os he propuesto esta semana para adivinar el lugar de mi próximo viaje. Me gustaría mucho agradecer a los que habéis participado, pues gracias a vosotros saco fuerzas para seguir adelante con el blog.

Gracias y hasta pronto!

PD: A medida que se vaya acercando la fecha del viaje, iré colgando alguna información práctica por si nunca tenéis que ir por esos lares…

Un Sant Jordi especial entre viajeros.

Aunque hace ya más de un mes del día de Sant Jordi, me gustaría hacer hincapié en él ya que fue el día en el que conocí a grandes, muy grandes viajeros españoles.

Todo surgió con un mensaje de Sele (El Rincón de Sele) en mi blog. Me comentaba que se había organizado un encuentro para los participantes del foro de Lonely Planet en la ciudad de Barcelona. Me dijo que estaría bien que nos viéramos. Lógicamente y sin dudarlo ni un momento acepté. Los días fueron transcurriendo y finalmente llegó el viernes 23 de abril.

Como cada Sant Jordi, Barcelona se tiñe de cultura y amor y en todas partes se ven miles y miles de rosas esperando ser regaladas a las queridas. Lo mismo ocurre con los libros, cuyos destinatarios suelen ser los queridos. Ese día, al terminar la escuela, me dirigí con unas amigas hasta Barcelona en tren y nos dimos un agradable paseo por las abarrotadas Ramblas y por el que nunca deja de sorprenderme Raval, que parecían un río de personas que inevitablemente no fluía.

Sele me llamo. Lo más rápido que pude llegué al lugar donde habíamos quedado, en una esquina de la Plaça de Catalunya. La verdad es que para mí, conocerle en persona fue una gran alegría, pues hacía ya mucho tiempo que seguía frecuentemente su increíble blog. Junto a Sele, estaban Rebeca, su chica, y Floren (Fmanega por el mundo), con quiénes también tuve la suerte de intercambiar algunas palabras.

Foto de honor con Sele

Nuestra misión de la tarde era poder encontrarnos con el mítico Jorge Sánchez, el español viajero por excelencia, ya que se encontraba firmando algunos de sus nuevos libros en un pequeño estante de los miles que había. Por suerte, Sele tenía la dirección exacta, y sin perder tiempo nos dirigimos hacia allá.

Durante el camino pudimos hablar de muchos viajes, de lugares increíbles de viajes pasado, futuros, de blogs… de todo un poco. La conversación se fue animando y a medida que nos acercábamos al supuesto lugar en el que se encontraba Jorge, los nervios -al menos a mí- me aumentaban-. Para mí, conocer a Jorge Sánchez era algo increíble… Sus libros me habían inspirado tantos sueños… Gracias a sus increíbles y altamente recomendables relatos me había transportado a lugares cuya existencia prácticamente desconocía, había aprendido culturas alucinantes y lo más importante, había descubierto qué era lo que quería hacer en mi vida, había descubierto qué quería ser: viajero.

Con Jorge Sánchez, el mayor viajero que jamás haya conocido.

Aún recuerdo sus vivencias en un templo Zen japonés, o sus percances en una prisión afgana… Esto me ayudó a comprender que viajar no solo era admirar maravillas de la naturaleza o construcciones inigualables; no. Viajar a partir de ahora, sería algo más. Sería intentar integrarse en nuevas culturas, conocer gente extraordinaria, olvidarse de los lujos que solo malmeten el alma, viajar era aprender, y el Planeta, la mejor universidad del universo. ¡Yo quiero graduarme en esta Universidad!

Más tarde aparecieron más y más viajeros. Fue el caso de Toni (Toni por el Mundo), que era el ganador del concurso que Sele había montado para descubrir cual sería el destino que había escogido para su viaje estival. Con Toni no tuve mucho tiempo de charlar, pues estuvimos mucho rato hablando con Jorge, que por cierto, nos obsequió con un par de libros a cada uno sinceramente dedicados. Seguramente, cuando nos volvamos a encontrar podré dedicar más tiempo y entablar una conversación como dios manda…

Con Toni de Toni por el mundo. Extraída de la fotogalería de El Rincón de Sele

Jorge me obsequió con estos dos libros. El primero ya me lo leí, y ahora estoy con el segundo. Los recomiendo muchísimo.

Llegó la hora de irme y aunque lo hice con todo el dolor de mi corazón, me tuve que despedir de Jorge, de Toni, de Sele, de Rebeca, de Floren, de Laura, de Jose y de seguramente alguno más que me estoy olvidando. Sele, antes de de que me fuera, me dió un precioso presente que trajo de Camboya y que había ganado al azar en su juego para adivinar el viaje que haría en unos meses. El enigmático elefante camboyano decora ahora mi estantería dedicada a los viajes. No esta solo, el pobre, comparte estante con unos botecitos de arena del Gran Canyon, una baraja de cartas de Las Vegas, una bandera de Noruega, un trozo de coral muerto de Maldivas, una mini-reproducción del calendario Maya y un estupendísimo sombrero tirolés. Por lo tanto, Sele, no te preocupes que el elefantito ha hecho bastantes amigos y espero que pueda hacer muchos más.

Sele me hace entrega del elefante camboyano.

Ese día me marcó. Sin duda. Fue un día especial, un día que no olvidaré, un día en que conocí a gente con mis mismas inquietudes, mis mismos deseos, mis mismos intereses, y a un gran mito. Espero que se pueda repetir cuanto antes mejor; ya veremos…

Viaje a China y Hong Kong. Capítulo segundo.

4 de julio de 2009 – Visita a la Gran Muralla + segunda parte de Beijing (Palacio de Verano i Area Olímpica)

Suena el despertador. Son las 7 de la mañana. Nos duchamos, desayunamos y nos presentamos en la recepción del hotel para ir a la Gran Muralla (Madre mía qué ilusión!!!!!!). Allí, en la recepción, no había nadie esperando a nadie. Unos diez minutos mas tarde aparecieron una pareja danesa (que resultaron ser muy sosos i “raritos” xD) i el chico chino que nos iba a llevar a la Gran Muralla!

Así que nos montamos en una especie de micro furgoneta y nos embarcamos en uno de los mayores caos que he visto en mi vida(el mayor lo vería unos días después en la provincia rural de Guizhou…)! Madre mía! Cómo es el tráfico en Beijing en hora punta! Tardamos más de hora y media en salir de la ciudad, pero finalmente lo conseguimos!

Tráfico en Beijing

Gente cruzando por donde puede en el caos de Beijing.


…..

Estuvimos hablando con el guía, yo le conté que estudiaba chino en España y entonces él empezo a decir cuatro tonterías en español como Hola, Adiós, Barcelona, Messi, Barça… Qué risas nos echamos con el guía! Pero era muy simpático, la verdad. Se llamaba, si no recuerdo mal, Han.

Durate el trayecto nos dimos cuenta de la otra realidad de China; la pobreza (aún no sabíamos lo que nos esperaba en Guizhou). Passamos por muchos pueblos destartalados, sucios y dejados de la mano de Dios… todo lo contrario que en Beijing. También nos dimos cuenta de la gran cantidad de fábricas que hay alrededor de la capital china. No me estraña que no vieramos el cielo azul ningún día en todo el viaje (bueno, excepto en Hong Kong). La verdad es que el problema de contaminación en China es muy grave y se nota. Sientes que el aire esta muy cargado, entre el calor y toda la contaminación. Para testificar esto, la Lonely de Beijing dice textualmente:

Utilizando la medida del número de microgramos de partículas de contaminación por metro cúbico, Beijing es la ciudad importante más contaminada del mundo. El nivel de Beijing es de 142 microgramos, comparado con las medidas de París (22), Londres (24) y Nueva York (27). La pauta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 20.

Finalmente, y tras un viaje largo, a las 11:30 de la mañana, más o menos, llegamos al tramo de Mutianyu. La verdad es que llegar es muy espectacular, porque aunque parezca impossible, no se ve la muralla hasta que no se llega a la base. Me refiero a que muchos pensaréis (como yo lo hacía) que aún faltarían 30 minutos para llegar y ya se vería la Muralla serpenteando por las montañas… Pues no!

El guía aparcó el coche en el parking y nos dijo que a las 15:00h estuviésemos allí para volver al hotel. Antes pero, fuimos a comer cuatro tonterías en un restaurante que había allí.

Había 2 opciones para alcanzar la Gran Muralla: la primera era hacer un trekking sencillito de una hora y media, y la otra, era la de subir en un cómodo y refrigerado telesilla. Nosotros nos decantamos por el teleférico, pues con el calor que hacía, subir durante 1 hora y media nos parecía una hazaña casi suicida…, así que compramos dos entradas con viaje de ida y vuelta en teleférico incluído por solo 40 yuanes; 4 €. Luego el guía nos las pagaría.

La sorpresa vino después, al ver el dichoso teleférico! Explicaban que lo habían inaugurado en 1930, y que desde entonces solo había habido 6 accidentes (claro, no contaban el que había ocurrido una semana antes de que nosotros fuéramos, cuando una pareja de japoneses murieron cuando su cabina se cayó a causa del fuerte viento… Por suerte, ese día, no hacía viento!).

El teleférico, que por cierto, subia a una velocidad sorprendente y se movia más que el Dragon Khan de Port Aventura, nos dejó arriba en las montanyas en un periquete. Tuvimos que subir todavía algunas escaleras pero finalmente, entramos en la Gran Muralla propiamente dicha. WAW! Nunca imaginé que sería tan espectacular! Es flipante, preciosa, increíble! Además, ese día había bastante bruma, por lo que la hacía mucho más enigmática! Sencillamente empezamos a andar y andar, y es que la mejor manera de descubrirla es pateándola.

Qué bonita es, ¿verdad?

La imagen que sirve de cabecera a la web. Sencillamente impresionante...

Y la niebla seguía subiendo, haciendo el paisaje aún más espectacular

Un breve paréntesis sobre La Gran Muralla

La Gran Muralla China o también llamada la Muralla de los 10.000 “li” (un “li” equivale a medio quilómetro), es una enorme construcción irregular que serpentea a lo largo del norte del país. Desde la enigmática frontera con Corea del Norte, la muralla se adentra más de 7.000 quilómetros hasta su fin en la aislada provincia de Xinjiang.

La muralla se empezó a construir hace más de 2.000 años, cuando la dinastía Qin (221-207 a.C.) unificó China y por lo tanto, trató de conectar las murallas de los antiguos reinos independientes para evitar que los “malos” nómadas de tierras mongolas entrasen en su querido y nuevo reino. Para lograr esta unificación de las murallas se necesitaron miles y miles de hombres que solían ser prisioneros, y más de 180 millones de metros cúbicos de tierra para crear la base de la muralla, aunque muchas leyendas afirman que otro de los “materiales” más usados para este fin fueron los huesos de los centenares de cadáveres de los obreros que murieron en la construcción de la que ahora es una de las 7 nuevas Maravillas del mundo.


Mapa cronológico de los diferentes tramos de la Gran Muralla

La muralla, que por aquel entonces no cumplía su función, pues como dijo Genghis Khan, “La fortaleza de una muralla depende de la valentía de quienes la defienden“; fue utilizada como una vía de transporte eficaz y como medio de comunicación gracias a los señales de humo que se hacían de torre a torre.

Durante la dinastía Ming (1368 – 1644) se hizo el esfuerzo de mejorar las condiciones recubriendo toda la muralla con ladrillos y planchas de piedra. El proceso duró más de 100 años.

Más tarde, durante la dinastía Qing (1644 – 1911) el estado de la muralla volvió a empobrecerse. También durante la República, la guerra con Japón y la guerra civil la muralla se vio muy afectada. Sin ir más lejos, los comunistas bajo los mandos de Mao Zedong instauraron el pillaje de los bienes que albergaba la muralla como algo habitual.

Actualmente la muralla ha sio restaurada y habilitada para el turismo en algunos puntos muy concretos y cercanos a grandes ciudades com Beijing, pero si uno se aleja de estas zonas, lo que puede encontrar de la Gran Muralla es un simple montón de tierra, pues los ladrillos son robados a menudo por los campesinos pobres de las zonas remotas.

Cerca de Beijing se encuentran varios tramos de la muralla visitables y cada uno ofrece posibilidades diferentes. Siendo el tramo de Badaling el más concurrido, en donde en verano se puede llegar a albergar tanta gente que la muralla ni se ve, otros tramos como el de Mutianyu, Simatai o Jinshanling, ofrecen una visión mucho más auténtica y menos visitada. Si yo tuviera que recomendar a alguien a qué tramo ir, sin duda le diría que fuera a Jinshanling y desde allí realizara una impresionante caminata de 10 quilómetros a través de la muralla hasta Simatai. No obstante, si no se dispone de tanto tiempo, recomendaría la opción que nosotros escogimos, la de Mutianyu, ya que, como podéis ver, parecía bastante auténtica y no había casi nadie.

Mirando al horizonte... Es una lástima que la gente pinte los muros.

La muralla, enterita para nosotros!

Y más fotos...

Un lugar increíble...

A nuestra sorpresa, no había casi nadie en la Muralla. Estaba vacía (como mucho llegamos a contar a un grupo de cuatro occidentales y tres parejas asiáticas en todo el rato que allí estuvimos). Pero por desgracia, había unos  alemanes rodando una película bastante cutre y molestando a todos los que queríamos disfrutar de la Muralla. Se habían colocado justo después de una atalaya y allí estaban, como un grupo de ochenta y pico personas molestando con las cámaras y demás equipos electrónicos. Ah! Y por si esto fuera poco habían decorado ese trozo de Muralla como si fuera una boda! Qué lástima…
Por lo que ví, la escena mostraba a una niña (o digase súper-star que se creía una diva) que le pegaba un par de leñazos a cuatro chinos que la querían secuestrar. En fin! Un desastre del que salímos corriendo y avanzando por la Muralla, eso sí, claro, con el permiso del productor y el equipo de la peliculita para que no entrasemos en el plano! La verdad es que nos molestó mucho tener que pedir permiso para poder avanzar por esa maravilla que estaban ridiculizando con los lazos y demás parafernalias…

El "follón" desde fuera...

El "follón" desde dentro...

Anduvimos (y hicimos mil fotos) durante 2 horas, y aunque hubiésemos querido llegar hasta el final del tramo de Mutianyu, el calor no nos lo permitió. Suerte que llevabamos camisetas de recambio, porque creo que ese fue el día en el que más he sudado en toda mi vida! Qué calor! O más bien dicho… que bochorno!

Al final, dimos vuelta atrás rapidito para coger el telesilla (rezando, claro! xD) y llegamos a la base, donde, una cantidad abrumadora de vendedores y vendedoras (y camellos sacados del zoo! Sí, ya lo sé, parece un chiste pero en China las cosas son lo que parecen, no como aquí…) nos intentaron vender de todo, sobretodo cosas relacionadas con Mao. Les conseguimos esquivar y llegamos a la furgoneta donde estaba Han esperándonos, y también a la pareja danesa que parecía que nos les había gustado la muralla, porque tenían una cara de pocos amigos…

El teleférico de la muerte.... jaja!

En el marcadillo a la salida de la Muralla

Uno de los pasatiempos más comunes de China, las cartas.

Como sabíamos que llegaríamos temprano a Beijing, y queríamos ver el Palacio de Verano, a sabiendas de que no daba tiempo suficiente para ver también el Templo del Cielo, nos montamos otro plan para ver algo más de Beijing: la Zona Olímpica del año anterior. Así que nuestra inofensiva pregunta a Han para que, en vez de llevarnos al hotel, nos dejara en el estadio Nido de Pájaro (que pillaba de camino), se convirtió en un descuadriculamiento brutal para el chinito! Qué lío! Primero pensabamos que no nos había entendido… y a repetirle in english mil veces. Después supimos que sí lo había pillado pero decía que no podía, y después, por fin, lo aceptó. Pero tela marinera lo que costó…

Llegamos a Beijing (bueno sí, llegar a Beijing puede equivaler a estar a mas de 20 kilómetros de la plaza de Tiananmen, de lo enorme que es esa ciudad) y Han nos dejó en una avenida enorme y repleta de coches que conducía a la zona Olímpica.

Después de andar un rato, llegamos a los estadios, que la verdad, impresionan. No nos estuvimos mucho rato allí, pero el suficiente para dar una vuelta y sacar alguna foto, pues debíamos coger un taxi hasta el Palacio de Verano.

Os dejo con algunas fotos, porque tampoco hay mucho que explicar. Los famosísimos estadios que alojaron a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Beijing en el año 2008, justo un año antes.

Un edificio impresionante aunque de dudosa belleza...

A la derecha el famoso e increíble estadio del Nido de Pájaro. A la izquierda, el Cubo de Agua

La presencia de policías se hace notar en todas partes de la capital.

El Nido de Pájaro.

Como podéis ver, la gran cantidad de polución dificulta la visión a menos de un quilómetro.

El taxi nos costó alrededor de 50 yuans y nos dejó en la entrada del Palacio de Verano, que estava lleno a rebosar! Nos compramos las entradas y empezamos a descubrir otra de las maravillas de Beijing.

De camino al Palacio de Verano.

El taxi que nos llevó hasta el Palacio de Verano.

El Palacio de Verano lo recomiendo mucho porque es un sitio precioso y lejos del bullicio de coches del centro de la ciudad. Empezamos por la Gran Galería, una galería de 728 metros de longitud con más de 14.000 pinturas diferentes. Era precioso, la pena era la gran cantidad de gente que allí se encontraba.

Vimos la famosa Colina de la Longevidad, con su Torre de la Fragancia de Buda y finalmente llegamos al Barco de Mármol.

En la Gran Calería

Pinturas en la Gran Galería

La Torre de la Fragancia

Había música y baile por todo el parque, qué curioso!

El Barco de Mármol del Palacio

La verdad es que el Palacio de Verano me impactó mucho. Era un sitio enorme y perfecto para relajarse un poco después del duro día que habíamos tenido. Finalmente, y cuando decidimos que ya no podiamos más con nuestras almas regresamos a la entrada para volver al centro de la ciudad. Pero en vez de deshacer el camino, preferimos coger un barco con aspecto “tradicional” para cruzar el lago Kunming hasta dónde se encontraba la salida principal.

El lago Kunming y al fondo, uno de los barcos que lo cruzan

La alucinante panorámica desde la entrada del recinto.

Un hombre mayor practicando caligrafía en el suelo.

Una de las puertas que se encuentran por el palacio.

En ese barco ocurrió una anécdota buenísima: el barco estaba lleno de hombres y mujeres de Irán. Hasta aquí muy bien, verdad? (sé que eran de Irán porque hablamos con ellos). Pues de repente y sin un porqué claro, empezaron todos a cantar en iraní o árabe (no tengo ni idea…) una canción que debería ser muy popular allí, pues todos, hasta su guía la sabían. Qué risas! Todo el viaje en barquito por el lago Kunming del Palacio de Verano de Beijing, escuchando alguna canción típica y alegre iraní! Muy auténtico!

Con un ser mitológico medio león, medio serpiente, medio cerdo...

Al final salimos del Palacio de Verano sobe las siete de la tarde y fuimos, en taxi (40 yuans) hasta el centro neurálgico de la ciudad, hacia la zona de Wangfujing. Allí, no quisímos comer en un Mc Donald’s, pues no habíamos venido a China para eso! Así que anduvimos un poco y cenamos en un restaurante enorme el famoso pato laqueado de Beijing! El restaurante pareció ser de ricos porque eramos los unicos turistas y los demás, chinos todos, iban con americana y traje… Además, el precio era un poco inferior al europeo. Hasta nos dieron cubiertos! (Que en el fondo, se agradece…). Por cierto, el pato estaba riquísimo!

Cortando el pato

Nuestros planes para esa noche eran ir al famoso Mercado de la Seda a ver si podíamos comprarnos alguna chaqueta o algo bien de precio, pero decidimos irnos al hotel por dos motivos básicamente: porque no queríamos cargar con lo que compráramos durante todo el viaje y porque a la mañana siguiente nuestro vuelo a Guiyang salía a las 7 de la mañana… Además, sabíamos de la existencia de un mercado parecido en Shanghai (al que os puedo asegurar que fuimos en repetidas ocasiones, xD). Así que volvimos al hotel, lo recogimos todo y pusimos las alarmas de los móviles a las 4 de la mañana. Antes, pero, en la recepción contratamos un taxi para que nos esperara allí a las 5 y media de la mañana para llevarnos al aeropuerto.

Tras un intenso día en Beijing y en la Gran Muralla, hicimos balance de lo poco que habíamos visto de esa ciudad, y sin duda, en aquel momento decidimos que volveríamos. Y así lo sigo pensado. Era imposible hacer un itinerario de dos semanas en el que pudiéramos ver la ciudad y sus alrededores como Dios manda, pero creo que con esos dos días nos hicimos una buena impresión. Beijing me había seducido, y mucho. Pero a la mañana siguiente, volaríamos a la remota y poco visitada provincia de Guizhou, sin duda, el punto fuerte del viaje. Aún no sabíamos lo que nos depararía China… pero quedaba lo mejor…

CONTINUARÁ…

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En el próximo capítulo… llegamos a la China profunda! Volamos a Guiyang, capital de Guizhou, nos trasladamos hasta Kaili y visitamos dos aldeas de la minoría étnica miao. Además, tuvimos las primeras sorpresas con las grandes inundaciones de la zona y sus consecuencias. ¡Guizhou os espera!